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México: elecciones, disenso o continuidad
Alán Arias Marín
MILENIO. 2009-07-05
Día de elecciones. No es, en el aquí y el ahora de México, el día del “juicio final” para la clase política (Karl Popper); no es —tampoco— el día de la soberanía ciudadana que castiga o premia a políticos y partidos con la vara democrática del voto. No hay condiciones para que el sufragio sea efectivo en el sentido profundo de lo que es esencial, necesario y urgente: la corrección radical del sistema político, el debilitamiento del poder de los partidos a favor de los ciudadanos, la disminución racional —sustancial— del costo electoral y de las desorbitadas prebendas de dinero público a los partidos.
No quiere el establishment ver el fracaso estrepitoso del sistema político, su rebasamiento histórico, su inadecuación institucional respecto de las condiciones sociales y políticas del país, su disfuncionalidad ya intrínseca, su crisis sistémica. No se quiere hablar de su inoperancia de fondo y sin remedio: el sistema de partidos y las patéticas y moralmente impresentables autoridades electorales ya no sirven para representar y agregar intereses de la ciudadanía y los sectores sociales.
En los comicios federales y en la circunstancia crítica (terminal) del opulento sistema político, los votos no tienen capacidad mayor de premio o castigo porque el sistema como tal está blindado, se ha rediseñado para un gana-gana de los aparatos institucionales del régimen político. Continuidad garantizada. Así, los votos (escasos) podrán condicionar marginalmente la correlación de fuerzas en la Cámara de diputados (PRI minoría mayor, PAN disminuído, doble izquierda [PRD oficial vs PRD-PT-Convergencia:AMLO] debilitada, PVEM falaz y corrupto, triunfante, Panal-SNTE contumaz, PSD ¿vivo?); pero no podrán conducir y revisar la agenda pública, menos la legislativa, hacia una reforma de fondo (refundacional) del régimen político, el pos-revolucionario todavía vigente, sobreviviente mostrenco (más por la fallida alternancia panista) de unas condiciones y un país que ya no existen.
Por supuesto que las dinámicas locales, elecciones para gobernador en seis estados y autoridades y/o legislaturas en un total de once, son las que marcan el sentido práctico e inmediato de los comicios. Evidente que importa quién y qué partido gana en Nuevo León (PRI) o Sonora (inmoral empate técnico); o cuál es el comportamiento electoral en el Estado de México (magnitud de su padrón y proyección de Peña Nieto); así como dilucidar la composición de fuerzas en el DF (potencialidades de Ebrard, densidad de la fuerza de AMLO); atisbar una salida al embrollo político, legal e identitario en Iztapalapa (luego del irresponsable fallo del TEPJF).
Las campañas han sido un revuelo multimillonario, un inmisericorde alud de propaganda estúpida (23 millones de spots, casi uno por voto…, decenas de miles de toneladas de basura contaminante…), un rebumbio de palabras e imágenes para que todo siga prácticamente igual. La pesadilla de un gatopardo insaciable, Lampedussa mexicano revisitado.
Más allá de todo ello, lo crucial de los comicios es que apuntan a una inflexión que actualice la necesidad de una reforma radical del sistema político (que no es la de puntual maniobra paliativa que prepara el Senado) o que precipite la crisis sistémica de la política en México al campo de la inestabilidad, la proliferación de conflictos graves y la politización del malestar social y de la violencia inherente al descompuesto tejido social.
De ese sabido, aunque negado, profundo malestar social y cultural ha surgido el movimiento espontáneo por el voto nulo. Es una iniciativa políticamente variopinta, difícilmente será algo distinto a un episodio político de difícil permanencia organizativa, un sesgo simbólico electoral; su fuerza radica sobre todo en la pluralidad y transversalidad social, no es exclusivo de la exigua minoría cibernauta, no depende de la insólita confluencia de intelectuales de diversas matrices ideológicas; mantiene una fácil afinidad con los abstencionistas que transitan del desdén o el desinterés al voto de protesta y de rechazo.
Se trata de un voto de disenso radical; no extremo, no violento, tampoco anti-sistémico. Es un disenso pacífico, consciente, activo; si bien resulta imposible adscribirle un pliego de demandas, sí conlleva el aliento en pro de una reforma institucional de fondo, una potencialidad de construcción democrática, un repudio que reclama una política digna, moral, de calidad, es decir, todo lo que no es la política mexicana. El que tenga oídos para oír que oiga. El sistema político mexicano está en el umbral de la inviabilidad. Tiempo de asumir la necesidad y urgencia de cambiarlo; no parece pertinente la vieja clase política (ni sus patéticos y telegénicos cachorros juveniles) para enfrentarlo. Con su pan se lo comerán.
FCPyS-UNAM. Cenadeh.
alan.arias@usa.net
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23 razones para anular
DENISE DRESSER
PROCESO, 30 junio, 2009.
Porque:
1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, Congresos locales, Jefaturas Delegacionales, Asamblea Legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.
2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida –como ha sugerido Federico Reyes Heroles– en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.
3. Los sufragios cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como forma de presión. Sin duda, es mejor que los votos cuenten, porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y que la anulación busca impulsar.
4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos –a la hora de gobernar– suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más.
5. Es una falacia que los partidos se diferencien notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización –el clientelismo, el corporativismo y la impunidad– afecta a todos.
6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin las modificaciones sustanciales que aseguren la representación y la rendición de cuentas.
7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional, persiste debido a la inexistencia de la reelección.
8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.
9. La anulación y el voto independiente son formas de participación que se diferencian de la abstención.
10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero que funciona muy mal para sus ciudadanos.
11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”, la promesa difusa de Fausto Zapata en el Distrito Federal.
12. El voto nulo expresará –en efecto– hartazgo, desencanto y malestar: el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.
13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensuadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma, en la cual el 79% de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12% piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.
14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.
15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.
16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.
17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe depender exclusivamente de la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crean que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.
18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.
19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio, no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.
20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho, busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder; como las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.
21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y, precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.
22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero eso no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.
23. Porque, como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real, y súmele usted…
Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o de votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque –en este sistema democrático trunco y parcial– usted no le importa. Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo.

Voto nulo: Más allá del 5 de julio
ÁLVARO DELGADO
PROCESO, 28 junio 2009.
A fin de mostrar que su movimiento no es antipolítico ni se limita a la próxima jornada electoral, el martes 30 diversas organizaciones civiles, ciudadanos desencantados de los partidos, así como analistas políticos celebran la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo. A decir de Denise Dresser, tratarán de articularse para adquirir “capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio”.
La noche del jueves 25, en una cena, Josefina Vázquez Mota, candidata a diputada federal y aspirante a la coordinación del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN), se encontró con Denise Dresser, activista del movimiento para anular el voto, y le reclamó:
–Ustedes están fortaleciendo el voto duro priista y Manlio Fabio Beltrones está muy contento…
–¿Por qué no pensaron en eso cuando negociaron con él todas las reformas y ayudaron a limpiarle la cara al priismo? –respondió Dresser.
Vázquez Mota ya no dijo nada, pero la analista interpreta que el gobierno de Felipe Calderón está “muy nervioso” porque prevé que el movimiento anulacionista beneficiará al priismo, cuando en realidad se trata de resolver un problema sistémico: la arquitectura institucional que carece de mecanismos de rendición de cuentas y sanción ciudadana.
Tal preocupación gubernamental se materializa también con la convocatoria del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a reuniones privadas para conocer la opinión de analistas, académicos y activistas sobre el voto nulo.
Dresser participó en una de ellas hace un par de semanas, en la que estuvieron además Lorenzo Córdova, Carlos Elizondo, Juan Pardiñas y Leo Zuckerman. “Inclusive quienes critican el voto nulo comparten el diagnóstico sobre la disfuncionalidad del sistema”, dice Dresser.
–¿En qué términos se expresó Gómez Mont?
–No, él de hecho sólo escuchó. Fue un esfuerzo de auscultación y diálogo. Lo reconozco como tal.
El movimiento anulacionista es acusado de neutralizar el voto de castigo, no sólo a diputados y partidos, sino a los gobiernos, como el de Calderón, pero Dresser lo niega: “El PAN no está feliz con el voto nulo, no está pensando que va a evadir el voto de castigo. Al contrario, piensan que están haciendo las cosas tan bien que lo que necesitan es el voto de recompensa y que, al no darse ese, se va acabar empoderando a los priistas. Esa es la preocupación del gobierno.”
Aclara: “Esto va más allá de castigar a un gobierno en particular en este momento. El voto nulo es un castigo a un sistema político que carece de elementos esenciales de representatividad y de rendición de cuentas.”
–Pero afirmar que todos los partidos son iguales implica que todos son responsables, por ejemplo, del desastre económico del país…
–Esta idea de que todos son iguales no es responsabilizar a todos del desastre del país. La crítica de que todos son iguales tiene que ver con el hecho de que no tienen incentivos para rendir cuentas y tomar decisiones en nombre de la ciudadanía, ni para explicar lo que hicieron durante su paso por el poder.
El voto nulo se cuenta y cuenta
Gustavo Gordillo/II
l argumento central en contra del voto nulo es que se deja en manos de quienes voten por determinado partido, la decisión sobre cómo y con quiénes se integrará la Cámara de Diputados. Esos “otros”, para estas elecciones, son sobre todo el voto duro de los tres partidos principales. De suerte que es bastante retórico decir que con el voto nulo se renuncia a escoger a nuestros representantes. Pienso que para un sector de los ciudadan@s descontentos con la situación actual, el voto nulo es bastante racional, porque no se renuncia a ejercer el derecho a votar y en cambio se envía un mensaje de repudio al conjunto de los partidos.
¿Esto lleva en sí mismo a un cambio? No, desde luego que no. Pero es lo mismo para cualquier opción de voto. Sea con un resultado electoral que lleve a la alternancia, como en 2000 o ahora con el voto nulo; los cambios sustantivos en la correlación de fuerzas vienen de una combinación de movilización social, ejercicio del sufragio y negociaciones políticas.
Las campañas de 2009 se diseñaron reconociendo la segmentación del electorado y el alto abstencionismo, a partir de estrategias minimalistas basadas en el voto duro. El PRI buscando convertirse en la mayor minoría a partir de su fortaleza territorial y el peso de sus gobernadores en la manipulación del voto. El PAN tratando de reducir su caída estrepitosa impidiendo que el PRI obtuviera una mayoría en el Congreso, usando los programas sociales y sobre todo un forma sesgada del combate a la delincuencia que convierte a contrincantes en potenciales delincuentes. El PRD tratando de controlar los daños ocasionados por su propia vocación caníbal. El PRI escogió como su tema central de campaña, su mayor capacidad para gobernar. El PAN, su pretendida eficacia en el combate al narco. El PRD no escogió tema sino semblanza de una cara amable y no rijosa.
La campaña a favor del voto nulo modificó esta dinámica. Desenmascaró el hecho que tres partidos con diferencias reales en lo programático tienen una misma forma de gobernar marginando o torpedeando las formas de participación ciudadana y reduciendo al máximo la rendición de cuentas.
¿Este movimiento por el voto nulo preludia grandes movilizaciones o es sólo un espasmo de hartazgo, un “berrinche”?
Los grandes movimientos en México comienzan siempre através de una movilización de opiniones. La secuencia transita del movimiento de opinión a la movilización social gracias a un pliego petitorio unificador y a una forma orgánica de representación colegiada. Pero la chispa que enciende la pradera es casi siempre alguna torpeza de las autoridades gubernamentales. En un caso un acto represivo injustificado, en otro la ausencia de una autoridad responsable, en otro más, una campaña particularmente denigrante.
Hay otro tema crucial específicamente en relación con las izquierdas. El país necesita más que nunca una amplia coalición de izquierdas. Esa no ha sido la vocación actual de la izquierda partidista. Una parte del voto nulo será también una severa advertencia para que se avance en la conformación de una amplia coalición progresista capaz de disputarle a las derechas, los destinos del país en 2012.
Finalmente los inconformes con las reglas actuales de la política no sólo están entre los que anulen su voto. Una parte de los votantes que opten por un partido y sobre todo los que voten de manera diferenciada, así como algunos abstencionistas, podrían conformar una alianza que empuje después del 5 de julio, a la transformación del sistema de partidos. Rendición de cuentas, participación ciudadana y transparencia política serán seguramente el piso común de ese impulso reformista. Por ello el voto nulo como catalizador puede ser un voto que al contarse, cuente.
Me sumo a la posdata de Adolfo Sánchez Rebolledo: ¿De verdad los consejeros del IFE y los magistrados del Tribunal Electoral creen que nadie los observa?
http://gustavogordillo.blogspot.com/
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¿Quién vota nulo?
Acentos
Diego Petersen Farah
MILENIO. 2009-06-26
Las encuestas realizadas por la empresa Berumen y Asociados para Público-Milenio tienen una característica que las diferencian del resto de las publicadas en otros medios: esta es la única empresa de las que han publicado en Guadalajara que se hizo la encuesta con boleta (otras al parecer las hicieron con veleta, pues han ido cambiando el resultado según sopla el viento, pero ese es otro tema). Lo importante de hacer la encuesta con boleta y urna es que le da certeza metodológica, reduce el número de personas que se niegan a contestar y, específicamente para esta elección, permite medir lo que ha sido el fenómeno y la novedad de este proceso: el voto nulo.
Del universo total de la encuesta en Zapopan y Guadalajara 6.6 por ciento de los encuestados anularon su voto tachándolo o escribiendo alguna frase encima de la boleta (mentadas de madre incluidas). Por otra parte, 10.5 por ciento sólo depositaron la boleta en blanco. Para efectos de la elección todas estos votos se hubieran contabilizado como voto nulo, pero en términos de la encuesta el voto en blanco significa cosas tan diversas como: no se por quién votar, no quiero decirte por quién voy a votar, o mi voto no es para nadie, que equivaldría a la anulación conciente. Es decir, parte del voto en blanco puede ser voto nulo, pero no lo sabemos con exactitud. De este universo hay que descartar a los que es muy probable que no vayan a ir a votar. Gente que anula su voto en la encuesta, pero no sabe cuándo es la elección o nunca ha votado, es en realidad un abstencionista vestido a la moda anulacionista. De ahí que la estimación de escenario electoral es que la gente que irá a las urnas a anular su voto en Guadalajara y Zapopan este 5 de julio poco más o meno 5 por ciento de los electores, una cifra que habla del tamaño del malestar que hay contra los partidos. El voto nulo es hoy la tercera fuerza electoral en Guadalajara.
Otro dato muy interesante es el perfil del votante nulo. Una tercera parte corresponde al tipo más visible del anulacionista: clase media alta y alta, de alto perfil educativo. La sorpresa, al menos para mí, fue encontrar que 40 por ciento del voto nulo es de mujeres y que 75 por ciento de éstas son amas de casa; o que 36.4 por ciento tiene estudios de secundaria o menos. Es decir, este es un movimiento que, como los anuncios sobre alcoholismo, no respeta sexo, estudios ni condición social. No es el enojo de un grupo sino una expresión de toda la sociedad que no es homogénea, no es encasillable y que sólo tiene en común una cosa: el hartazgo por la manera de hacer política de los partidos.
diego.petersen@milenio.com